El arte detrás de los relojes Longines
Detrás de cada lanzamiento de Longines hay un proceso que rara vez se ve desde afuera. No empieza en una vitrina ni termina en una campaña, sino que se construye a lo largo de un recorrido donde conviven exigencia técnica, criterio interno y una idea muy clara de lo que la marca representa.
Durante nuestro viaje a México, donde Longines presentó sus últimas novedades para la región, tuvimos la oportunidad de entrevistar en persona a Giuseppe Miccio, Head of Product Development (responsable del desarrollo de producto). En ese contexto, explicó que un reloj no entra en la colección por intuición ni por impulso, sino como resultado de un proceso mucho más amplio y estructurado.
Antes de llegar a ese punto, cada pieza atraviesa una serie de validaciones rigurosas que incluyen pruebas de resistencia, análisis de materiales y ensayos en distintas condiciones. Sin embargo, más allá de estos controles, hay una instancia que resulta decisiva: el uso real.


Los prototipos no permanecen dentro del estudio. Circulan entre equipos, se comparten con distintos mercados y se utilizan en condiciones cotidianas para entender cómo responden más allá del laboratorio. Esa interacción permite incorporar una mirada más amplia, donde el feedback interno se convierte en una herramienta clave para validar el producto. El proceso avanza recién cuando todos los factores se alinean: una estética que se reconoce inmediatamente como Longines, una calidad completamente homologada y una respuesta positiva por parte de quienes participan en esa evaluación.
Ese recorrido requiere tiempo. En el caso de un desarrollo completamente nuevo, el plazo habitual se sitúa alrededor de los dos años, mientras que las variaciones dentro de una colección existente pueden resolverse en períodos más cortos. Cuando se parte desde cero, sin embargo, el proceso mantiene su ritmo y evita atajos que puedan comprometer el resultado.
En ese contexto, la relación de Longines con su propia historia ocupa un lugar central. El equipo trabaja de forma cercana con el departamento de heritage, accediendo a archivos, diseños originales, patentes y relatos vinculados a quienes utilizaron estos instrumentos en su momento. Esa información no se utiliza como un punto de llegada, sino como una base de trabajo que permite identificar qué elementos siguen siendo relevantes y cómo reinterpretarlos en clave contemporánea.
A partir de ese material, el desarrollo entra en una etapa de análisis y discusión interna en la que se define qué se mantiene, qué se ajusta y qué se transforma. El objetivo no es reproducir el pasado, sino traducirlo en un lenguaje actual, incorporando nuevas tecnologías y materiales sin perder la identidad de la marca. Como explica Miccio, se trata de tomar aquello que hace única a Longines y desarrollarlo con una mirada que refleje el presente.


El diseño ocupa un rol fundamental dentro de este proceso. A diferencia de otras metodologías más inmediatas, Longines conserva un enfoque que comienza desde una hoja en blanco. El dibujo a mano sigue siendo el punto de partida, permitiendo explorar proporciones, líneas y volúmenes antes de avanzar hacia el desarrollo digital, la construcción y las pruebas técnicas. Este camino no es lineal y suele implicar múltiples iteraciones, ajustes y revisiones hasta alcanzar el equilibrio adecuado, tanto en términos estéticos como en la forma en que el reloj se integra en la muñeca.
El origen de cada proyecto puede variar, ya sea a partir de una idea interna, de una necesidad detectada en un mercado específico o de la planificación a largo plazo de la marca. Sin embargo, en todos los casos, el objetivo se mantiene constante: lograr una pieza coherente, equilibrada y fiel al espíritu de Longines.
Esa misma lógica aparece cuando Miccio se refiere a los lanzamientos recientes. Entre ellos destaca el nuevo HydroConquest, completamente rediseñado y reingenierizado, con una construcción más confortable y una estética que combina robustez con una elegancia más contenida. En particular, menciona una versión en cerámica gris con esfera negra y brazalete tipo mesh, donde la armonía de tonos genera una presencia discreta pero muy definida.
Más allá del reloj en sí, la forma en la que describe el proyecto permite entender cómo trabaja Longines hoy puertas adentro. Cada decisión parece atravesada por una intención muy clara de mantener coherencia entre la historia de la marca y la manera en la que sus relojes evolucionan con el tiempo.

Esa idea se percibe a lo largo de todo el proceso, desde los primeros bocetos hasta las pruebas finales. Hay una atención constante sobre las proporciones, la integración en la muñeca y la identidad estética de cada pieza. En Longines, el desarrollo de un reloj avanza con una continuidad muy marcada, manteniendo una línea que la marca sostiene desde hace décadas.
